Si la vida te da limones… ¿Cómo hacer limonada? Superar la adversidad

¿Sabías que, según psicólogos y sociólogos alrededor del mundo, cada persona sufrirá una media de dos o tres “desgracias” a lo largo de su vida?

Es algo en lo que no pensamos, pero es verdad. Todas las personas, por más privilegiadas que seamos, vamos a atravesar al menos una circunstancia “traumática” o dolorosa en nuestro tiempo de vida.

Cuando hablo de experiencias “traumáticas”, me refiero a eventos que realmente van a impactar y cambiar nuestra vida. Puede ser la muerte de un ser querido, un accidente, perder un empleo, un divorcio, una separación, una  grave enfermedad, etc.

Cuando leí la estadística de que todas las personas  vamos a vivir algo así, me quedé sorprendida… Sorprendida de no haberlo pensado antes. ¡Esto es obvio! Pensar que vamos a pasar por toda nuestra vida sin ningún obstáculo, es como creer que los elefantes vuelan.

Sin embargo, cuando algo impactante nos sucede, normalmente nos enojamos, nos emberrinchamos, y muchas veces (sino es que casi todas las veces) nos preguntamos: ¿POR QUÉ A MÍ?

 

He aquí la cuestión. La pregunta no es ¿por qué a mí?, esto nos lleva al pasado, a la queja, a convertirnos en víctimas indefensas del destino.  La pregunta que verdaderamente va a disminuir nuestro dolor, y nos va a ayudar es ¿Para qué?  ¿Para qué me está sucediendo esto? ¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Qué puedo hacer ahora que esto ya sucedió?

Es posible que a ti ya te haya ocurrido una de  esas “desgracias”, es posible que ya hayas sufrido un gran dolor al separarte de una persona que amas, vivir un accidente, una enfermedad, una gran quiebra económica, o alguna otra situación. O también es posible que nunca hayas realmente sufrido. Cualquiera que sea tu situación, hay algo que debes saber:

Cuando hay un gran sufrimiento, tienes dos opciones, o te autodestruyes o creces.

No hay manera de que una desgracia no te afecte, puedo asegurarte que tu vida  no volverá a ser la misma, pero es tu decisión si cambia para mejorar o para empeorar.

 

Veámoslo de esta manera, imagina que alguien te lastima la piel con un cuchillo, es una herida profunda. Tu piel nunca volverá a ser la misma. Tienes dos opciones: cuidas tu herida, la limpias, la curas hasta que cierra, cicatriza y esa parte de tu piel se hace más fuerte… o descuidas tu herida y permites que se infecte al grado de que puedas perder tu brazo. Un poco drástico ¿no?

 

Bueno, pues lo mismo pasa con los eventos traumáticos en nuestra vida. Verás, hay muchas personas que decidieron preguntarse una y otra vez “¿Por qué a mí?”, por qué me abandonaron, por qué me despidieron, por qué abusaron de mí, por qué me robaron, por qué me agredieron, por qué me engañaron. Y hasta el día de hoy siguen preguntándoselo. Es decir, viven en el pasado. A estas personas las reconocerás fácilmente: tienen un sello de infelicidad, tienen amargura, y normalmente son cerradas a las nuevas experiencias. Cuando hablas con ellos vuelven una y otra vez a mencionar lo que les sucedió, y normalmente culpan a ese evento de todo lo malo que sucede en su vida.  Es posible que hayan caído en adicciones, enfermedades, o busquen dañarse a sí mismas de alguna forma.

 

En cambio, hay personas que ante la desgracia decidieron preguntarse ¿para qué?, estas personas también sufrieron. Te lo aseguro. Sintieron un profundo dolor, y también sintieron enojo y tristeza. Pero decidieron buscar el aprendizaje detrás del dolor. Decidieron cuidar su herida. A estas personas las reconocerás fácilmente: son personas felices, tienen un sello de paz en su rostro, viven intensamente y buscan nuevas experiencias, pero sobre todo: son más valientes.

 

Son valientes porque saben que si pudieron superar ese dolor, podrán superar cualquier evento que venga en el futuro,  por más doloroso que sea.

 

Estas personas no son superhéroes, ni tienen algo especial, lo único diferente es que tomaron una decisión. La decisión de valorarse lo suficiente para decir “Mi vida no termina aquí”.

 

 

 

 

 

Tú tienes el derecho de elegir qué hacer ante la desgracia, tú puedes decidir autodestruirte o crecer. Pero debes saber, que cualquier decisión que tomes es tuya y solo tuya. No será fácil, tendrás una y varias recaídas más, en las que quieras mandar todo a la basura y tirarte a la depresión y el reclamo. Tendrás que ser paciente contigo mismo, entender que no eres una máquina y que es normal sentir dolor. Pero hay una cosa que te sacará de ese profundo y obscuro hoyo: La Voluntad.

 

La voluntad es lo más valioso que tenemos, es inexplicable. Los científicos pueden ver cómo se conectan nuestras neuronas, pueden ver la electricidad con la que funciona la mente, pero no han podido saber de dónde viene la voluntad. Las ganas de hacer las cosas.

 

En pocas palabras, la única manera de crecer después de una gran desgracia, es tomando consciencia de que deseamos seguir avanzando y nunca estancarnos.

 

 

“Me acordaba de mi hijo Bosco,  que entrenaba conmigo para el maratón. Cuando un día le pregunté <¿No te cansas?>, me contestó: <No, papi, porque cuando me canso, cierro los ojos y sigo corriendo>. Esas palabras de mi hijo de ocho años me han servido a lo largo de mi vida. Cuando me canso, cierro los ojos y sigo corriendo.”

[Testimonio de Bosco Gutiérrez, hombre que se liberó de un secuestro de 257 días.]

 

Psic. Ana Victoria Ochoa Comte

February 27th, 2018